Novidades nas pesquisas sobre o Celibato sacerdotal

Os negritos são meus. Leia o estudo na íntegra em:

http://ec.aciprensa.com/wiki/Celibato_sacerdotal_en_el_debate_teol%C3%B3gico_actual#Redescubrir_el_sacerdocio

Origen y evolución histórica del celibato sacerdotal

Aspectos históricos

Existe una amplia gama de opiniones en cuanto al comienzo y desarrollo del celibato en la Iglesia. Algunos afirman que se hizo obligatorio a partir del siglo IV, mientras que otros sostienen que el punto, de referencia es el II Concilio Lateranense (1139). Tampoco hay acuerdo respecto a su origen, habiendo gente que lo considera de origen apostólico o divino, mientras que otros afirman que se trata de una mera expresión tardía de la disciplina eclesiástica.

Es bien conocido que la práctica de la iglesia latina, que exige de sus sacerdotes un compromiso irrevocable con el celibato, se diferencia de la disciplina de la iglesia oriental. Existe una creencia comúnmente extendida de que en las iglesias orientales –salvo casos excepcionales– no existe ley del celibato. Existe también un extendido sentir de que la tradición oriental es la más antigua, mientras que la disciplina latina habría sido impuesta en una fecha comparativamente tardía. En los debates centrados en la tradición del celibato en occidente, se suele apuntar como punto de referencia la disciplina de las iglesias orientales.

¿Por qué esta divergencia de disciplina entre Oriente y Occidente y cómo llegó a producirse? ¿Cómo se explica que en Oriente se insista de modo inflexible en el celibato para los obispos y al mismo tiempo se fomente el matrimonio entre el clero? ¿Por qué en Oriente es normal que haya sacerdotes casados, al mismo tiempo que nunca se ha permitido el matrimonio después de haber sido ordenado?

Esta variedad de opiniones y de afirmaciones ciertamente contradictorias son consecuencia de un conocimiento inadecuado de los hechos históricos, como lo confirman importantes publicaciones recientes sobre la historia del celibato eclesiástico, tanto en la iglesia oriental como en la occidental. Los estudios detallados de Cochini, Cholij y Stickler, especialmente, abren nuevas vías en la historia y la teología de este carisma y ofrecen una fuerte argumentación a favor del origen apostólico de esta disciplina.

Para entender la historia del celibato desde una perspectiva actual es necesario darse cuenta de que en Occidente, durante el primer milenio de la Iglesia, muchos obispos y sacerdotes eran hombres casados, algo que hoy es bastante excepcional. Sin embargo, una condición previa para los hombres casados a la hora de recibir órdenes como diáconos, sacerdotes u obispos era que después de la ordenación se les exigía vivir una continencia perpetua o lex continentiae.

Con el asentimiento previo de sus esposas tenían que estar dispuestos a renunciar a la vida conyugal en el futuro. No obstante, junto a clérigos casados, hubo siempre en la Iglesia, en proporciones variables, muchos clérigos que nunca se casaron o que vivieron el celibato tal y como lo conocemos hoy. Con el paso del tiempo se hizo más patente en la iglesia occidental la conveniencia de un sacerdocio en celibato, lo que produjo una disminución en la proporción de hombres casados llamados al sacerdocio.

Con la institución de los seminarios en el Concilio de Trento, el número de candidatos al clero célibe alcanzó una dimensión suficiente para abordar todas las necesidades de las diócesis.

En consecuencia, los casos de hombres casados admitidos a las sagradas órdenes mediante dispensa de la Santa Sede fueron siendo cada vez menos frecuentes. En la primitiva Iglesia, como ya indicamos, la ordenación de hombres casados era la norma. La Sagrada Escritura lo confirma. San Pablo prescribe a sus discípulos Tito y Timoteo que los candidatos al sacerdocio deberían haberse casado una sola vez (1 Tim. 3,2-12; Tit. 1,6.). Sabemos que Pedro estaba casado y quizás lo estuviera también alguno de los demás apóstoles.

Es algo que parece implícito en la pregunta de Pedro a Cristo: “Nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido”. Y Jesús contestó: “Os aseguro que no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por causa del reino de Dios, que no reciba mucho más en este mundo y, en el venidero, la vida eterna” (Lc. 18,28-30; Mt. 19,27-30).

Aquí se ve la primera obligación del celibato clerical –la continencia– en relación con el uso del matrimonio después de la ordenación. Éste fue el significado original del celibato la lex continentiae o la absoluta continencia respecto a la generación de los hijos. Así es como está definido en todas las leyes escritas primitivas acerca del celibato, que datan de los siglos IV y V.

Los candidatos a la ordenación no podían comprometerse a vivir la continencia sin el acuerdo previo y expreso de sus esposas, puesto que, en virtud del vínculo sacramental, tenían un inalienable derecho a las relaciones conyugales. Por diversas razones de tipo práctico y ascético, se desarrolló en la Iglesia una preferencia por la ordenación de hombres célibes no casados, preferencia que, poco tiempo después se convirtió en el requisito normal para todos los candidatos al sacerdocio en la iglesia occidental.

De ahí que, como se ha señalado, en el primer milenio de la Iglesia, el celibato venía a significar cualquiera de estas dos realidades: que los ministros ordenados no se casaban o que, si los candidatos a la ordenación ya estaban casados, debían comprometerse a una vida de continencia perpetua tras la ordenación. El no distinguir entre la lex continentiae y el celibato tal como lo entendemos hoy, ha dado lugar a muchos malentendidos y a interpretaciones erróneas sobre la historia de este carisma.

Hasta hace poco, el sentir histórico general sostenía que hasta el siglo IV la Iglesia no elaboró una ley de celibato. Este punto de vista fue adoptado por Franz X. Funk, conocido historiador eclesiástico a fines del siglo XIX . Su juicio, sin embargo, era un juicio erróneo, basado en un documento cuya falsedad se comprobaría más tarde . Si el modo de tratar la cuestión del celibato es avanzar científicamente desde un punto de vista teológico a un punto de vista jurídico, es necesario aclarar antes un segundo presupuesto fundamental. Los historiadores del derecho han señalado que es un error metodológico básico identificar los conceptos de ius (derecho) y lex (ley), que es lo que hizo Funk .

Todas las normas jurídicas obligatorias, tanto las transmitidas oralmente o través de la costumbre, como las expresadas por escrito, forman el contenido de la idea de ius. Por otra parte, la lex es un concepto más estrecho, puesto que se refiere únicamente a disposiciones que han sido puestas por escrito y legítimamente promulgadas. La historia confirma que todas las disposiciones jurídicas comenzaron siendo tradiciones orales que sólo se fijaron por escrito tras un lento proceso, como fue el caso de las leyes germanas y romanas.

La constitución jurídica de la naciente Iglesia consistió en gran parte en disposiciones y obligaciones transmitidas oralmente, tanto más cuanto que durante los tres primeros siglos de persecución habría sido difícil poner cualquier ley por escrito. Ciertamente, algunos elementos de la ley primitiva de la Iglesia fueron puestos por escrito, pero vemos también como san Pablo anima a los tesalonicenses a guardar las tradiciones que habían recibido oralmente (2 Tes. 2,15).

Funk cayó en el error de fechar el origen del celibato en la primera ley escrita acerca del mismo, que es la del Concilio de Elvira. Éste será nuestro punto de partida para analizar los significativos desarrollos en la legislación de rito latino hasta el siglo VII.

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