San José, Esposo de María

 San José nos sitúa ante la función “esponsal” del varón,

en la familia humana

Autor: José María Casciaro
Fuente: Scripta Theologica

(extracto)

En Mt 1, 18-25

Creencia y esperanza universal de los hebreos durante siglos era que el Mesías había de nacer de la casa de David [4]. La creencia partía del texto básico del mesianismo real: 2 Sam 7, 16. En conexión con este texto hay otros muchos pasajes veterotestamentarios que anuncian al futuro Mesías con los atributos de la realeza y como descendiente de David [5]. El Evangelio de San Mateo dedica su primer capítulo a mostrar que Jesús es descendiente de David, y que lo es a través de José, padre legal de Jesús, pues según el derecho judío, el padre legal transmitía todos los derechos y obligaciones de manera exactamente igual que el padre natural y legítimo 16. Precisamente Mt 1, 2O-21 expone que San José fue constituido padre legal de Jesús por voluntad expresa de Dios, cuando el Santo patriarca estaba perplejo sobre la situación de embarazo de Santa María.

A este propósito hay que subrayar las palabras del ángel a José: (José, hijo de David)), (Mt 1, 20), que recuerdan al Patriarca la herencia que posee, la cual implica honor y responsabilidad: José, por ascendencia carnal, biológica, es descendiente directo del rey David; que esto es así acaba de demostrarlo el evangelista por medio de la genealogía de Mt 1, 1-17; por tanto, José no debe desentenderse de esta condición, no puede renunciar a esos derechos ni hacer dejación de los deberes inherentes. El fruto de las entrañas de su esposa María es del todo singular: obra y gracia del Espíritu de Dios. José, verdadero esposo de María, transmitirá al niño que ha de nacer su herencia mesiánica: para ello basta con que reciba a su esposa y sea el padre legal del Niño.

Así la Providencia divina hace que se cumplan los vaticinios de los Profetas del Antiguo Testamento. ¿Qué significa todo esto en relación con el tema que nos ocupa? Es claro que el cuerpo humano, como elemento integrante del compuesto integral que es el ser hombre, entra a constituir un instrumento, un medio indispensable en el plan divino de la Historia de la salvación. Y además, como la herencia mesiánica y real se transmite por la línea de los varones [17], he ahí la función, de hecho insustituible, de San José.

Por todas estas y otras razones José fué asociado de modo muy excelente a la misión redentora de Jesús: José, por su matrimonio con María, realizado por un designio especial de la Providencia divina, será ante el pueblo concreto que Dios eligió, el padre de Jesús. Como dice A. Colunga [18]: “Si en Israel hubiera estado en uso el registro civil, Jesús figuraría en él como hijo de José”. A falta de esto, tenemos otra cosa, la genealogía de Jesús que nos dan los dos evangelistas, en la que el Salvador aparece como hijo de David por José, esposo de María. A esto se añaden los deberes del esposo y del padre con la madre y con el hijo: alimentarlos, defenderlos, darles compañía. Como a jefe de la Sagrada Familia, el ángel se aparece a José para ordenarle la huida a Egipto y luego la vuelta a la patria israelita. Por esto es muy natural que la Madre se dirija a su Hijo, al hallarle en el templo, diciendo: “Mira que tu padre y yo te buscábamos con dolor”. Y no son de extrañar las palabras de los vecinos de Nazaret, admirados de oír la predicación de Jesús: “Pero, ¿no es éste el hijo del carpintero?[ (Mt 13, 53 ss)”.

A tenor de todo esto, como es sabido, San Jerónimo señala las siguientes razones por las que convenía que la Madre de Dios, además de ser virgen, estuviera desposada: primero, porque por la genealogía de San José, quedara patente la estirpe davídica de Jesús; segundo, para que el dar a luz no sufriera peligro su honra; tercero, para que en la huida a Egipto tuvieran, madre e hijo, la ayuda y protección convenientes; San Jerónimo indica una cuarta razón, tomada expresamente de San Ignacio Mártir, pero a la que parece darle menos fuerza: para que el nacimiento de Jesús pasara inadvertido al diablo [19]. En cualquier caso, la Providencia Divina había dispuesto que la vida en esta tierra del Verbo Encarnado hasta llegar a la mayoría de edad, tuviera un protector varón que hiciera en todo las veces de padre, como los demás niños y adolescentes: no entraba en los planes de Dios una suplencia celestial de lo que debía ser normal y común en la Sagrada Familia de cara a las demás familias de los hombres; por eso contemplamos la función del varón San José, con todas sus facultades espirituales y corporales. Como ha expresado san Josemaría Escrivá: “Mirad: ¿qué hace José, con María y con Jesús, para seguir el mandato del Padre, la moción del Espíritu Santo? Entregarle su ser entero, poner a su servicio su vida de trabajador. José, que es una criatura, alimenta al Creador; él, que es un pobre artesano, santifica su trabajo profesional (…). Le da su vida, le entrega el amor de su corazón y la ternura de sus cuidados, le presta la fortaleza de sus brazos, le da… todo lo que es y puede” [20].

La figura evangélica de San José nos sitúa ante la función “esponsal” del varón, en la familia humana: no se reduce su función a la mera sexualidad, sino que al cuerpo varonil se le adjudican aquellas misiones y tareas más directamente relacionadas con sus cualidades, sin que necesariamente entre la función estrictamente sexual. Esas cualidades son, poco más o menos, las de proteger a la familia; representarla jurídica y socialmente; ganar el sustento; educar a los hijos y, en aquella época, darles la formación en un oficio, normalmente el mismo que se transmite de padres a hijos; ofrecer el brazo fuerte y el corazón magnánimo para enfrentarse a las dificultades de la la vida… Todos estos cometidos los ejercitó San José como cualquier buen padre de familia y esposo. Y tal como nos lo presentan los Evangelios –y como fue en la realidad–, para llevar a cabo esas funciones se necesitaba la personalidad varonil –cuerpo y espíritu– del hombre y esposo José.

José María Casciaro
En La encarnación del Verbo y la corporalidad humana
Revista Scripta Theológica


NOTAS

16. Cfr. Talmud, tratado Bababatra, 8, 6.

17. Se sabe que no se hacían genealogías de la mujer entre los judíos, y que, consecuentemente, la transmision de la realeza y de la primogenitura era por línea masculina, biológica o legal. Ad abundandum, no se sabe con certeza la estirpe de Santa Maria: ¿era de la tribu de Leví o de la de Judá? Los datos de la tradición y los que pueden inducirse del texto sagrado no son suficientes para dar una respuesta concreta sólidamente fundada. Cfr. A. DIEZ MACHO Jesucristo “Único”, o.c. en nota (14), p. 9 y nota 5. Este sabio autor propone también en su artículo San José, padre de Jesús, por constitución de Dios (en “Apostolado sacerdotal” 122 (1966) 211-213) que José debió recibir una paternidad superior a la legal en virtud de un querer divino; a ese modo le llama A. Díez Macho “paternidad constitutiva”. Basa su argumento en Eph 3, 15; Mt 3, 9, etc.: conjugando esos textos sugiere que Dios, “de quien procede toda paternidad en los cielos y en la tierra” y que “es poderoso para hacer de las piedras hijos de Abrahán”, pudo hacer a José padre de Jesús, sin mediar descendencia natural, de una manera superior a la legal, de modo semejante a como los cristianos podemos llamarnos hijos de Dios.

18. A. COLUNGA, Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, tomo XII: Tratado de la Vida de Cristo, Madrid 1955, (introducción a la q. 29 de la III p.), p. 65. La paternidad legal de José con respecto a Jesús queda también subrayada en las palabras del ángel a José en Mt 1, 21: “le pondrás por nombre Jesús”. Poner el nombre significa entre los antiguos orientales y en el lenguaje de la Biblia, como es sabido, un acto de dominio o señorío. De este modo, Jesús Niño quedaba sometido a María y a José, del mismo modo que los demás niños. A este respecto hay que recordar el texto de Lc 2, 51, donde se dice que Jesús, una vez vuelto a Nazaret con María y José, “les estaba sujeto”

19. Cfr. SAN JERONlMO, Comentario sobre San Mateo, I, I (MIGNE, P. L. t. XXVI, Col. 24)

2O. J. ESCRIVA DE BALAGUER, San José, Nuestro Padre y Señor, meditación dirigida el 1 9 -III- 1968.

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O retorno do pai

ZP12031305 – 13-03-2012
Permalink: http://www.zenit.org/article-29893?l=portuguese

A autoridade paterna depois da ideologia de 68 e a proposta da Igreja

Por Maurizio Moscone

ROMA, terça-feira, 13 de março de 2012(ZENIT.org) – Em sessenta e oito houve um movimento juvenil de contestação global e de oposição radical à sociedade burguesa e capitalista, no qual foram negados o sistema de valores, os estilos de vida e a figura do pai, entendida como principal referência, real e simbólica, da autoridade.

Este movimento provocou uma revolução cultural, cujos efeitos são sentidos na sociedade atual, na qual se difundiu, em grande parte da população, uma visão atéia e materialista da vida.

Nos anos setenta, movimentos estudantis surgiram quase que contemporaneamente, na Itália, nos Estados Unidos, na Alemanha, na França, mas, enquanto nos outros países a revolução durou pouco, na Itália demorou décadas e seus efeitos perduram ainda hoje.

O centro das contestações era a Universidade e os protestos procuravam minar um elemento basilar da relação educacional: a autoridade.

A crítica ao conceito de autoridade atingiu não somente as Universidades na figura do docente, mas também e sobretudo, a família, que era considerada uma instituição funcional para o desenvolvimento do sistema capitalista e para a exploração da classe operária por parte dos “patrões”.

Esta era considerada uma “válvula de escape” na qual podiam acalmar as tensões de caráter psicológico-existencial, que, em vez poderiam ter sido canalizadas para a luta revolucionária.

A autoridade na família era representada pelo pai, símbolo da lei e da proibição e, enquanto tal, contestável, pois, como dizia um slogan do momento, no qual uma inteira geração de jovens se reconhece: “é proibido proibir”.

As proibições eram consideradas um impedimento ao exercício da liberdade e com esta, a expressão das necessidades mais profundas do individuo, reprimidas pela sociedade burguesa, considerada repressiva.

Também no confronto da Igreja a contestação voltou-se para a autoridade, ou seja, para os bispos e principalmente para o Papa, vigário geral de Cristo.

Os efeitos da ideologia de sessenta e oito são fortemente sentidos ainda hoje no que diz respeito à demolição progressiva do conceito de autoridade, principalmente a paterna.

Para certa cultura dentro da família o pai não representa mais a autoridade e muitas vezes, delega à mãe competências que são suas: como consequência os filhos não a vivem como uma presença competente que possa “fazê-los crescer” como pessoas maduras e responsáveis.

Na verdade, o termo “autoridade” deriva do latim auctoritas, que vem, por sua vez de auctor, derivado de augere, que significa “fazer crescer”.

O educador é, essencialmente, o auctoritas que faz o jovem crescer favorecendo a sua formação intelectual e moral e, se no pai tal autoridade não é reconhecida, é impedida a sua atividade de educador e o processo de maturação dos filhos é prejudicado, que necessitam de personalidade com autoridade com quem confrontar (e mesmo desencontrar), para desenvolver o pensamento crítico e realizar escolhas responsáveis.

A crise da figura paterna comporta, necessariamente, a crise da família enquanto tal.

É possível sair desta situação escutando os ensinamentos da Igreja, que apresenta como modelo de pai, São José e, como modelo de família, a família de Nazaré, que viveu plenamente a Palavra de Deus (cfr.Ef 5, 21-32): Maria acolhe, escuta, consola e São José é a autoridade, que guia com amor a família.

O Papa recentemente valorizou o papel do pai, apresentando a si mesmo como um pai de família. Dirigindo-se aos paroquianos de São João de La Salle, o Pontífice disse: “antes de tudo gostaria de dizer, com todo o meu coração, obrigado por esse acolhimento cordial, caloroso. Obrigado ao bom Pároco por suas belas palavras, obrigado por este espírito de família que encontro. Somos realmente a família de Deus e o fato de verem também o papai, è para mim uma coisa muito bela que me encoraja!” (Bento XVI, Visita Pastoral a Paróquia romana de São João Batista de La Salle em Torino, 4 março 2012).

(Tradução:MEM)

Famílias numerosas são testemunhas de fé, salienta Bento XVI

Nicole Melhado
Da Redação, com Vatican Information Service (Tradução: equipe CN Notícias)

AP
O Papa recebeu também membros do Clube Atlético de Madri

No atual contexto social, os núcleos familiares com muitos filhos constituem um testemunho de fé, de coragem e de otimismo, porque sem filhos não existe futuro”, salientou o Papa Bento XVI no final da audiência geral desta quarta-feira, 15.

Representantes da Associação italiana das Famílias Numerosas estiveram presentes nesta audiência. A associação luta por maiores direitos sociais para as famílias com muitos filhos, a fim de que tenham mais acesso à cultura e educação, particularmente.

“Espero que sejam promovidas medidas sociais e legislativas adequadas para a proteção e apoio de famílias mais numerosas, que constituem uma riqueza e uma esperança para todo o país”, reforçou Bento XVI.

O Papa recebeu ainda grupos de peregrino da Espanha, Alemanha, Áustria, Suíça, Polônia, Romênia, Costa Rica, Chile e Brasil.

“Saúdo todos os peregrinos de língua portuguesa, nomeadamente os fiéis brasileiros vindos de Curitiba, a quem exorto a aprender do exemplo da oração de Jesus, uma oração cheia de serena confiança e firme esperança no Pai do Céu, que nunca nos abandona. Que as Suas Bênçãos sempre vos acompanhem! Ide em paz!”, disse o Santo Padre.

Particularmente aos jovens e doentes, o Pontífice, recordou que na terça-feira, 14, foi celebrada a festa dos Santos Cirilo e Metódio, primeiros a espalhar a fé entre os povos eslavos.

“Que o testemunho deles ajude vocês também a serem apóstolos do Evangelho, fermento de autêntica renovação na vida pessoal, familiar e social”, afirmou Bento XVI.